Para que yo esté escribiendo esto se han sucedido una cantidad de actos que se repiten diariamente componiendo mi vida. Muchos de ellos se han vuelto hábitos. El acto insistente de repetirse los ha instaurado aquí, en esta vida particular de la que soy dueña, ¿o en la que soy sirviente?… 

Somos esclavos de nuestros hábitos. Me parece que esa taza de café que bebo recién levantada no es más que un remedo del hábito materno, que a su vez fue copia del hábito paterno de mi madre. Me incomodo ante el hecho de no ser dueña, ama y señora del impulso que me lleva a destapar la bolsa del café cada mañana. ¿Pero acaso podemos ser dueños originales de algo?…

Se encuentran por ahí videos de la rutina de entrenamiento de Michael Phelps, así como libros enteros de los hábitos de personas que han conseguido logros admirables. Y no solo es cosa del ámbito deportivo o empresarial; Gabo escribía de 6 a.m. hasta el mediodía, y los músicos o bailarines dedicados tienen rutinas y horas intensas de práctica. ¿Cómo negar que la práctica hace al maestro, y que en nuestras rutinas -sostenidas, disciplinadas y perseverantes- habitan todas las posibilidades de liberación?. 

Ser sirviente de una repetición que me libere. Es la elección.

Emma Sánchez

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