Un canto a la vulnerabilidad

(Impresiones sobre La canción de los vivos y los muertos, de Jesmyn Ward) Jesmyn Ward, en su premiado libro La canción de los vivos y los muertos, nos conecta con la tristeza, la confusión, la dureza de una vida que retrata la historia negra americana de un modo cada vez más sobrecogedor. Como en el…

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Las cenizas del Fénix

(Impresiones sobre Fahrenheit 451 de Ray Bradbury) Mucho se ha escrito sobre Fahrenheit 451, una historia que ha labrado su camino y se ha dejado reconocer por el mundo entero, con un pequeño escalofrío ante la oculta sensación de que su realidad distópica podría ocurrirnos a la vuelta de la esquina, o ya nos ha…

La partitura del infinito

Con el delicado cuidado con el que los antiguos escribas egipcios reproducían símbolos sobre papiros, puedo imaginar a Irene Vallejo entrelazar cada página que compone su libro, un libro sobre los libros, con la entrenada dedicación de una paciente artesana. Cuida sus ideas y el baile de sus palabras, dibuja con proeza las líneas de la historia y suma la musicalidad de la poesía, permitiendo que ambas -historia y poesía- construyan el sostén ideal para abordar la complejidad del tema que se propone El infinito en un junco.

Que no te hagan polvo

La mujer criada. La mujer objeto. La mujer polvo. “Nolite te bastardes carborundorum”, “No dejes que los bastardos te hagan polvo”, es la frase que como un ruego de un espíritu del más allá, un imperativo de última lucha le llega a la protagonista de este cuento, proveniente de la criada que ocupó su lugar antes que ella. La frase tallada en la madera del armario, en un lugar lo suficientemente secreto, se alza como un susurro constante que invita a mantener un sentido de dignidad, aunque el solo significado de esta palabra parezca tan olvidado y desconocido como alguna de un lenguaje antiguo que ya nadie usa.