Esta semana me demoré un poco más en leer mi libro semanal pues estuve esperando un pedido de Amazon con libros de ensayos y no lograba concentrarme en ningún otro hasta que me llegara mi anhelada caja. Cuando por fin llegó mi regalo propio, me dediqué a leer fragmentos de los cuatro libros como niña probando diferentes pasabocas para elegir de cuál saca el pedazo más grande. Finalmente me decidí a leer primero «I was told there’d be cake», un libro de ensayos personales, un New York Times bestseller.

¿Por qué éste? Bien, hace un tiempo decidí empezar a escribir ensayos que quizás algún día publique y me dí cuenta que estaba hastiada de los ensayos académicos tan propios de la Psicología, la Filosofía y la Sociología que suelo leer. Aunque me encante esta transmisión de conocimientos, quería aproximarme a otra forma de hacer ensayos, explorar el diverso y libre mundo actual del ensayo personal, el cual tal vez sea más cercano a la escritura cercana que siempre me surge cuando me siento a escribir. Como no aspiro en realidad por ahora a ser escritora de novelas de ficción (aunque si termino haciéndolo sería genial), pues no le veo nada de malo a jugar con mi autoexpresión, mi pensamiento, mis situaciones y mi conocimiento de psicología. Es gracioso esto pues siempre fui muy apegada a lo académico, a lo estructurado, a lo filosófico o lo científico pues como psicóloga he pasado años metida en ese tipo de escritura que yo llamaría «antiadherente». Aunque nunca vaya a abandonarla, cuando me pienso como autora de algo más que breves artículos de blog, no puedo visualizarme meramente en el plano académico. Me imagino por algún momento como un cirujano que no quiere lavarse las manos. Pero como he decidido que lo que escribo no será con ningún fin académico ni de ese horroroso género denominado «Autoayuda», pues solo quiero un estilo de escritura que me permita expresarme, debatir, insinuar, persuadir, no persuadir, discutir, enojarme, estar de acuerdo, opinar, construir criterios, reírme, y hasta tal vez (porque no) ser un poco desordenada, es decir, un estilo de escritura de no ficción que me permita ser quién soy. Tal vez haya más a quienes les interese leer quién soy, así como a mí y al parecer a muchos otros, nos ha interesado saber quién es Sloane Crosley.

En sus páginas me encontré, con su humor me sentí identificada y con su estilo me sentí cómoda. Me deja esta semana con un respiro, con un ligero aire de liviandad que me permite pensarme por fuera de lo académico pero no por fuera de mi como una posible autora de algo propio. En su juventud y arrojo veo algo del fulgor que me brilla en secreto cuando me pongo a soñar con la cantidad de cosas que podría decir sin tener que citar estudios científicos a cada paso ni construir una novela. Así que ¿por qué no? Yo también quiero un pedazo de pastel. Con esta reflexión los dejo, me voy a escribir.

Fathers-Day-Cake-web

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